Feo, fuerte y con dignidad

“Mi nombre es John Ford. Hago wésterns”. Así se presentaba el director más laureado de la historia del cine, con cuatro premios de la Academia. Y es que las películas del oeste fueron la piedra angular del gran edificio de Hollywood. Pero el wéstern es mucho más. Grecia tuvo los relatos épicos de Homero y Las Metamorfosis de Ovidio. La Europa nórdica, a Beowulf y a los Nibelungos. Francia sigue recordando a Roland y España, al Cid Campeador. América tuvo el wéstern. Una nación con menos de 150 años de historia necesitaba una mitología sobre su propia fundación y el género de vaqueros se la facilitó.

La excusa para este artículo —en el que haremos un recorrido por la evolución de las películas del oeste— es la que prefieran. Pueden ser los ochenta años del estreno de La diligencia (Stagecoach, 1939) o los cincuenta de Rio Bravo (1959). Si lo prefieren, no busquen excusas, porque hablar de cine es hablar de wéstern.

Lo cierto es que el relato épico de la conquista del oeste llegó al cajón de los géneros del séptimo arte desde sus mismos orígenes. En 1903, se estrenó el que es considerado el primer wéstern de la historia, Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery), que como el propio título desvela, narra el saqueo a un tren por parte de una banda de forajidos. En el filme, de apenas diez minutos de duración, hay tiempo para crear escuela con una costumbrista escena de baile muy al estilo fordiano.

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The Great Train Robbery (1903).

Vamos, pues, con Ford. En palabras de Frank Capra, Ford “era mitad posible, mitad imposible; mitad genio, mitad irlandés; pero un director completo y para siempre”. Él es sin duda el sheriff del saloon del wéstern. El director que llevó al género a su forma canónica y también el que incoó su evolución. Por limitación de espacio, trataremos de condensar en tres películas su aportación al wéstern.

Para muchos, 1939 es el mejor año de la historia del cine: Lo que el viento se llevó, El Mago de Oz, Caballero sin espada o Ninotchka son algunos de los títulos de la cosecha de ese año que quedarán para la eternidad. Sin nada que envidiar a ninguno de ellos se encuentra La Diligencia (Stagecoach). De los tres filmes de Ford que vamos a analizar, La Diligencia es, sin duda, el más maniqueo de los tres, pero, precisamente por eso, encarna los valores del género de forma más pura. Así, por mucho que el Ringo Kid de John Wayne esté reclamado por la ley o que la ocupación de Dallas (Claire Trevor) sea a todas luces la de meretriz —aunque no se mencione de forma explícita—, nadie tiene dudas sobre a quiénes asignar los papeles de buenos y malos. A pesar de lo dicho, La Diligencia no es ni de lejos un wéstern típico. No por nada Orson Welles la visionó unas cuarenta veces antes de rodar su obra maestra, Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941). Ante el recurrente relato de indios y vaqueros, tan desarrollado entre los veinte y los cincuenta, Ford nos brinda un profundo retrato psicológico de los distintos personajes. Porque en la película —no podía ser de otro modo— lo importante ocurre en el interior de la diligencia. En ella viajan una recatada embarazada cuyo único anhelo es encontrarse con su marido, un caballeroso jugador de cartas sureño, la ya citada Dallas y una adecuada pareja formada por un médico borracho y bonachón y esmirriado vendedor de whisky. Por supuesto, a ellos se les suma Ringo, que detiene el carruaje a mitad de camino. Ford sabía muy bien que con ese plano de presentación estaba haciendo inmortal a John Wayne.

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John Wayne en La Diligencia.

Si en La Diligencia la profundidad psicológica de los personajes se abordaba de forma coral, en Centauros del desierto (The Searchers, 1956), Ethan Edwards —de nuevo John Wayne— es un enigma por sí mismo. Además, el leitmotiv de la búsqueda de venganza, que apenas rozaba La Diligencia, se convierte ahora en el andamio que soporta todo el filme. Ambos títulos comparten también localización, Monument Valley, ese “regalo que Dios le hizo al cine”. Después de su escarceo con la cámara en movimiento durante la persecución en La Diligencia, Ford vuelve al plano estático y al gran plano general. El personaje de Wayne —al que él consideraba el mejor que había interpretado— es un hombre desarraigado que, tres años después de terminada la Guerra de Secesión americana, aún proclama su lealtad al ejército confederado. Ford nos regala una profunda narración circular en la que Ethan culmina su misión para ser después devuelto al desierto, el único lugar al que pertenece. Centauros supone el oscurecimiento del wéstern, generalizado después de la Segunda Guerra Mundial, y que se agudizará a partir de los años sesenta.

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John Wayne, Jeffrey Hunter y compañía en Centauros del desierto. De fondo, Monument Valley.

Ford aún dirigiría cinco películas después de El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962), pero este filme constituye sin duda el epílogo a todo su wéstern. En Liberty Valance, Ford vuelve a echar mano de personajes más planos como paradigma del choque de dos mundos. El quijotesco personaje de Tom Doniphon, interpretado de nuevo por John Wayne, representa al viejo oeste de los códigos de honor y los duelos al sol. Por contra, el abogado Ransom Stoddard (James Stewart) supone el arquetipo del proceso civilizatorio que llega, simbolizado en la ley y el ferrocarril. En un formato de flashback, Ford narra la transición del wild west a la América moderna y, con ella, el crepúsculo del género.

John Ford —con otros directores como Howard Hawks o Fred Zinnemann—, por tanto, acrisoló con su wéstern la leyenda americana (“When the fact becomes legend, print the legend”). Con su filmografía, el género quedó liberado de esa función mítica y entró en una etapa de revisionismo que en ocasiones llegó a la cuasi parodia.

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Duelo a medianoche en El hombre que mató a Liberty Valance.

En esta línea, el gran subgénero surgido en los años sesenta fue el Spaguetti western. La corriente recibió el nombre por el origen italiano de los directores, entre los que destaca un nombre propio: Sergio Leone. El realizador romano cambió las bases del género con su Trilogía del Dólar: Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964), La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il bruto, il cattivo, 1966). Estas cintas reemplazaron a John Wayne por Clint Eastwood, al chaleco por el poncho y a Monument Valley por el desierto almeriense. Y todo orquestado por Ennio Morricone. Leone instauró, además, la ambigüedad moral en el wéstern (Clint Eastwood es “el bueno” en El feo, el bueno y el malo más por descarte que por convicción) y firmó un estilo rompedor gracias a factores como una fotografía sucia o al empleo de la música para favorecer el clímax (la escena del cementerio de El bueno, el feo y el malo es paradigmática en este sentido).

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El bueno de Clint.

En una ocasión le preguntaron a John Ford qué era el cine. “¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine”, contestó el director. Ford y Fonda trabajaron juntos en wésterns como La Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946) o Fort Apache (1948). Sergio Leone tomó nota y contrató a Henry Fonda para el papel de criminal sin escrúpulos en el que es probablemente su wéstern más ambiguo y profundo, Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the west, 1968). La deconstrucción simbólica del canon fordiano.

Después de la década de los sesenta, el wéstern entró en una etapa de soterramiento propiciada por la falta de interés del público. No obstante, todavía hubo algunos asomos interesantes al género, como en Bailando con lobos (Dances with Wolves, 1990) o Sin perdón (Unforgiven, 1992), ganadores ambas del Oscar a la Mejor Película. Por supuesto, Star Wars (1977) no es otra cosa que un wéstern venido de una galaxia muy muy lejana. En el caso de Sin perdón, Clint Eastwood dirige y protagoniza un wéstern crepuscular donde la venganza vuelve a ser el hilo conductor. La cinta, por cierto, está dedicada a Sergio Leone.

El wéstern es, hoy en día, un género sin duda minoritario y su significado se ha difuminado en un Hollywood y un mundo distintos. Pero Ford, Leone y compañía no pasarán. Porque son Cine, con mayúsculas. A John Wayne le preguntaron una vez cómo quería ser recordado. “Feo, fuerte y con dignidad”, contestó. Como el western.

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Vídeo sobre La Pasión de Cristo

¡Nuevo vídeo en el canal! Hace unos años publiqué en este mismo blog un artículo sobre La Pasión de Cristo (2004), la película por antonomasia de la Semana Santa. Hoy ese artículo se actualiza y se convierte en vídeo.

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Jaime Cervera (@jcervera)

4 grandes discursos de cine

¡Nuevo vídeo en el canal! El cine y la retórica siempre se han llevado bien. En el vídeo de hoy descubriremos qué elementos crean un gran discurso. Lo haremos con ejemplos de Julio César, El Señor de los Anillos y Enrique V. Todo de la mano de Aristóteles.

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Jaime Cervera

@jcervera_

Mi canal de cine en YouTube

A principios de este curso inicié la andadura de mi canal de YouTube. Allí hablaré de cine tal y como lo he venido haciendo en este blog. Haré críticas de películas, hablaré de próximos estrenos, de directores interesantes y, cómo no, de los grandes clásicos.

Espero que este nuevo proyecto os guste y os invito a que os suscribáis al canal. De momento, os dejó los vídeos que he subido hasta el momento (en el primero de ellos, hago una breve presentación del canal). Conforme vaya subiendo más, los iré enlazando también en el blog.

1. Introducción al canal:

2. Crítica de La La Land:

3. Crítica de Hasta el último hombre:

4. Un resumen de la historia del wéstern:

5. Quentin Tarantino en tres películas:

6. Vídeo sobre la serie de El Señor de los Anillos que producirá Amazon:

 

Jaime Cervera

@jcervera_

Frank Capra o el sueño americano

Frfrank capra oscarancesco Rosario Capra nació en Bisacquino (Sicilia) el 18 de mayo de 1897. Según él mismo cuenta en su autobiografía, a la edad de seis años emigró junto con su familia granjera a EEUU. Viendo su trayectoria, podemos decir sin temor a equivocarnos que Capra encarnó a la perfección lo que suele llamarse el sueño americano: de recién llegado a un país desconocido y sin recursos económicos a, con su dedicación y su talento, llegar a conquistar nada menos que dos Óscars a la Mejor Película (por Sucedió una noche y Vive como quieras) y tres a Mejor Director (por las dos mencionadas y El secreto de vivir).

Aunque tal vez su película más recordada sea Qué bello es vivir (1946). Allí, Capra nos regala una oda a la familia, al verdadero espíritu de la Navidad y, ante todo, al amor. Años después, el director testimoniaba en un documental sobre la cinta que aquella era la película donde más había puesto de él mismo. Se trata de un compendio sobre los valores que aparecen a lo largo de toda la filmografía del director: la fe en el ser humano y el optimismo (que no iluso idealismo) con que el hombre debe afrontar la vida.

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La inolvidable última escena de Qué bello es vivir (1946).

Sus primeros años en el cine los dedicó a la comedia. En concreto, es uno de los pioneros de la screwball comedy (comedia de enredo), presente en títulos como la ya citada Sucedió una noche (1934) o la genial Arsénico por compasión (1944). Con la obtención de su segundo Óscar por Vive como quieras (1938), su estilo se hace más profundo (sin dejar de lado el tono simpático) y empieza a hacer películas más comprometidas. Un claro ejemplo de esto es Caballero sin espada (1939), que produjo un verdadero escándalo a su estreno. Constituye un audaz aullido en favor de la verdadera democracia.

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De nuevo James Stewart (actor fetén de Capra) en Caballero sin espada (1939).

En conclusión, un director que llegó a donde llegó con el sudor de su frente y que nos hizo reír y llorar recordándonos tantas veces… qué bello es vivir.

@jcervera_

Ocho famosas escenas totalmente improvisadas

No todo está cerrado en el mundo del cine y un buen ejemplo de ello es que los actores se saltan a veces lo fijado en el guion y dan rienda suelta a su talento. Recopilamos aquí ocho ejemplos, algunos anecdóticos y otros de soberbias interpretaciones, en que saltarse las reglas dio un resultado inolvidable.

8. Pretty Woman

Esta escena se convirtió en una de las más recordadas de Pretty woman (1990). El personaje interpretado por Richard Gere le enseñaba a Vivian (Julia Roberts) un lujoso collar y cuando esta se dispone a tomarlo, Gere cerró la tapa del estuche sorprendiendo a Roberts. La reacción de la Novia de América fue una simpática carcajada que hizo que la escena se incluyera en la película.


7. Star Wars V – “I love you” / “I know”

La escena se produjo durante el rodaje de Star Wars: Episode V – The Empire Strikes Back (El imperio contraataca, 1980). Han Solo (Harrison Ford) está a punto de ser congelado en carbonita y en esa situación la princesa Leia (Carrie Fisher) le confiesa que lo ama: “I love you”. Ford debía responder, según el guion, con un “Yo también”, pero decidió decir algo más acorde con la personalidad altanera de su personaje: “Lo sé”.

Hay que decir que esta declaración de Leia la lleva esperando el espectador desde el episodio IV, pues la tensión amorosa entre ambos personajes es más que evidente.


6. Good morning, Vietnam

El recientemente desaparecido Robin Williams hace en Good morning, Vietnam (1987) un auténtico despliegue interpretativo que le llevaría a ser nominado al Óscar a mejor actor. Así, la mayoría de las escenas donde su personaje habla desde la cabina de radio son totalmente improvisadas… Gooooooood morning, Vietnam!!!


5. En busca del arca perdida

En la película de Indiana Jones Raiders of the Lost Ark (En busca del arca perdida, 1981), Harrison Ford debía enfrentarse en una de las escenas a un guerrero árabe en una intensa y larga lucha de espadas. No obstante, el actor llevaba varios días con fiebre alta y no se encontraba con fuerzas para rodar la escena, así es que decidió simplemente sacar su revólver y deshacerse de su adversario. Aunque a Spielberg no le gustó, finalmente acabó dando por buena la escena.


4. Tiburón – you’re gonna need a bigger boat

En la película Jaws (Tiburón, 1975), dirigida por Steven Spielberg, cuando el jefe de policía Brody ve por primera vez al tiburón protagonista su cara es una elegía. Comienza a andar lentamente hacia detrás y entra en la cabina. Después, sin dejar de mirar al agua, le dice a Quint una frase que no estaba en el guion: “You’re gonna need a bigger boat” (Necesitará un barco más grande).


3. El Padrino – Cannoli

Mítica frase de la película The Godfather (El Padrino, 1972) en que después de ejecutar un frío asesinato, Clemenza, el principal de los sicarios de la familia Corleone se acuerda de los cannoli de su mujer.


2. Casablanca – “Here’s looking at you kid”

Una de las frases más míticas de toda la historia del cine (en España no es muy conocida porque el doblaje la omitió, pero en el resto del universo es la frase más famosa de la película) nació de que Humphrey Bogart se la decía a Ingrid Bergman cuando la enseñaba a jugar al póker durante el rodaje de Casablanca.


1. Taxi driver – “You talking’ to me?”

Es sin duda una de las imágenes cinematográficas más fuertemente fijadas en el imaginario colectivo. La escena de Taxi driver en que Robert de Niro se enfrenta a su reflejo. En el guion se indicaba simplemente que debía hablarle al espejo. Se puede decir que con su inolvidable monólogo cumplió sobradamente su cometido.


Jaime Cervera

@jcervera_

Hollywood y la II Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial fue el mayor conflicto bélico de la historia de la humanidad y sin duda ha sido también el que más veces se ha llevado a la gran pantalla. Este año, sin ir más lejos, nos han llegado The imitation game Corazones de acero. En este post, y con motivo del 70º aniversario del fin de la contienda, recogemos algunas de las mejores películas ambientadas en estos años. No todas son necesariamente de género puramente bélico, sino que también entran en esta categoría aquellos filmes enmarcados durante la guerra y que no se acercan a los campos de batalla.

Cuando Hollywood se fue al frente

Pero antes de empezar a enumerar, cabe detenerse en un grupo concreto de estas películas, el de aquellas que se realizaron durante la guerra. Lo cierto es que Hollywood puso en marcha una enorme maquinaria propagandística alentada y controlada por la Oficina de Información de Guerra. Cientos de títulos con el único objetivo de convencer a la opinión pública de la necesidad de entrar en guerra y, después, de alzar la moral de las tropas. La entrega de Hollywood a la causa fue total, hasta el punto de que todos los estudios, excepto Paramount, dejaron que sus guiones fueran leídos por representantes del gobierno antes de rodarse.

La Oficina de Información de Guerra, además, hizo tres grandes fichajes. Tres directores que se especializarían en cada uno de los tres ejércitos: John Ford para la US Navy, Frank Capra con la US Air Force (tenía experiencia en rodar con aviones por su película Flight, 1929) y Billy Wilder que se encargó del ejército de tierra. Además, Capra rodó y produjo la serie de documentales Why we fight, en respuesta al famoso reportaje de Leni Riefenstahl El triunfo de la voluntad.

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1. John Ford con el uniforme de comandante de la marina estadounidense

2. Billy Wilder durante el rodaje de “Cinco tumbas al Cairo”

3. El “mayor” Frank Capra

Pero además de los tres citados, muchos otros directores quisieron asistir a esta peligrosa cita con la historia. Valgan como ejemplo William Wyler o John Huston. Estos directores fueron testigos de algunos de los momentos más importantes del conflicto como el desembarco de Normandía (planos de Ford aún clasificados), la batalla de Midway, la batalla de Inglaterra, etc. Algunos de estos reportajes se usaron como pruebas documentales durante los Juicios de Núremberg.

En un proceso paralelo, Hollywood puso a sus estrellas a levantar la moral de las tropas. Grandes estrellas del momento fueron enviadas a los frentes a actuar delante de los combatientes.

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Marlene Dietrich, Bette Davis, Judy Garland y Hedy Lamarr en compañía de las tropas

Pero por supuesto también hubo quien decidió servir de la forma más drástica a su país y se alistó. De este grupo destaca sin duda James Stewart, que evidenciando una vez más su condición de símbolo del americano medio se enroló como piloto de bombardero y fue uno de los pocos que alcanzó el rango de coronel durante la guerra y de general de brigada en la reserva años después.

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James Stewart y Clark Gable

10 grandes películas sobre la Segunda Guerra Mundial

Proponemos diez títulos que nos parecen imprescindibles (sin ningún orden en particular y sabiendo que hay muchas otras películas destacables).

Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

Casablanca es, sin duda, uno de esos clásicos que nunca mueren. La película se desarrolla en la ciudad de Casablanca, en el Marruecos francés, en aquel momento bajo el dominio del mariscal Petáin. El filme refleja muy bien la tensión entre el gobierno colaboracionista de Vichy (genialmente personificado en el Capitán Renault), las autoridades del Tercer Reich y la resistencia francesa. Casablanca se concibió como una película propagandísticas que hizo Hollywood a lo largo de la guerra. Esta propaganda se observa particularmente en la escena de la Marsellesa, aunque ya les adelantamos que no será nada de esto lo que recuerden de Casablanca.

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Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998)

Aunque seguramente es una película un tanto sobrevalorada, es innegable que Salvar al soldado Ryan contiene la que tal vez sea la más realista escena bélica de la historia. Se trata de aquella con la que abre la película: el Desembarco de Normandía. El realismo de esta escena de 25 minutos de duración es milimétrico y tiene la virtud de atrapar completamente al espectador, transportándolo a la arena de la playa de Omaha. La película es eficaz y, aunque cae en el ya un poco cansino relato épico yankee, refleja bien las penurias, las dudas, los miedos y las esperanzas de aquellos rangers que buscan al soldado Ryan. Desde luego, al verla, todos decimos “yo soy ranger”.

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La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993)

Un desgarrador relato del Holocausto. Spielberg parte de la idea de que “quien salva una vida, salva al mundo entero” para centrarse en Oskar Schindler, un empresario alemán que se dedica a salvar las vidas de todos los judíos que puede dándoles trabajo en su fábrica. Soberbia la fotografía, la interpretación de Liam Neeson y la banda sonora.

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El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004)

El conflicto visto desde el lado alemán y más en concreto desde la mente que maquinó una de las mayores tragedias de la humanidad. Se trata de los últimos días de Hitler. El führer, está refugiado en su búnker planificando una contraofensiva que sólo (sí, con tilde) parece posible en su cabeza, mientras los rusos empiezan a romper el cerco de Berlín. Magistral interpretación de Bruno Ganz.

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Cartas desde Iwo Jima (Clint Eastwood, 2006)

Cuando Clint Eastwood terminaba la postproducción de su filme Banderas de nuestros padres, se le ocurrió que para reflejar las penurias de la guerra debía dar también voz al enemigo. El resultado es Cartas desde Iwo Jima, una película mucho menos épica, y por eso más lenta, pero también infinitamente más intimista y contemplativa. Este filme trata de las mentes y de los corazones de los soldados, de sus miedos, de sus anhelos, de sus valores. Esta película trata de lo humano.

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Roma, ciudad abierta (Roberto Rossellini, 1945)

Esta obra cumbre del neorrealismo italiano es en sí misma ejemplificadora de la realidad que nos presenta Roma, ciudad abierta: un mundo nuevo renace de las ruinas en que la barbarie de los hombres ha dejado al mundo inmediatamente anterior. El filme, de hecho, fue rodado nada más acabar la guerra en las propias calles de Roma. Historia crudísima y con grandes interpretaciones.

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El gran dictador (Charles Chaplin, 1940)

Hay un dato de esta película que la hace única y es que fue el primer talkie de Chaplin, que se resistió durante muchos años a la realidad de la muerte del cine mudo. Desde luego aterrizó en el sonido con fuerza. En el momento más álgido de Alemania en la guerra, Chaplin nos regala una sátira durísima del nazismo, que consigue al mismo tiempo destruir la ideología hitleriana y divertir. Esculpido quedó en el imaginario colectivo el discurso de Chaplin en defensa de la libertad.

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El pianista (Roman Polanski, 2002)

Durísima película de Roman Polanski, que nos narra, a través de la magnífica interpretación de Adrien Brody, la historia de un joven músico judío atrapado en el gheto de Varsovia. La película, basada en la novela autobiográfica de Wladyslaw Szpilman, se llevó la Palma de Oro de Cannes en 2002. Desgarradora, pero imprescindible.

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El discurso del rey (Tom Hooper, 2010)

Este melodrama de Tom Hooper nos presenta la guerra desde un punto de vista muy particular, el del tartamudo rey Jorge VI de Inglaterra y de su logopeda Lionel Logue (magistralmente encarnado por Geoffrey Rush), que debe preparar al monarca para un trascendental discurso ante la nación. Película muy bien conducida, interpretada y con una escena final para recordar.

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El día más largo (Ken Annakin, 1962)

La gran historia del día D. Película muy larga (casi tres horas) y muy compleja (pues aborda el desembarco desde el punto de vista de ambos bandos), pero con un elenco que la hacen merecedora de ser vista. Es, además, una cinta visualmente muy poderosa; se llevó los Oscars a Mejor Fotografía en blanco y negro y a Mejores Efectos Especiales.

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Jaime Cervera

@jcervera_

Boyhood (2014)

Sin entrar en valoraciones de los recientes premios de la Academia, podemos afirmar que nos encontramos ante uno de los fenómenos cinematográficos del 2015. Doce años son los que Richard Linklater ha empleado en construir esta joya llamada Boyhood. Pero ustedes dirán -y tendrán razón- que la calidad de una película no radica en el tiempo en que se haya hecho.

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Doce años que narran la infancia y adolescencia de Mason (Ellar Coltrane) y que son el pincel que Linklater utiliza para pintar un muy notable cuadro de la sociedad occidental. Todo en Boyhood se subordina a este propósito, desde las interpretaciones hasta, por supuesto, el guión.

El divorcio, el alcoholismo, la violencia de género, el vacío existencial, el amor, la fe, el problema del cambio, el miedo a lo desconocido, las relaciones paternofiliales… todos estos temas están tratados en Boyhood encarnados a través de los distintos componentes de la familia protagonista. Todo narrado con una maravillosa sencillez, sin florituras que entorpecerían el relato. En Boyhood todo está en su sitio, nada desentona. Esa sencillez con la que cuenta tantas cosas es la mayor virtud de la gran perdedora de los Oscars (salvando la merecida estatuilla de Patricia Arquette), esa sencillez que en la colina no han sabido apreciar y que a algunos aburre. Esa sencillez a la que Todd McCarthy llamó en The Hollywood Reporter “una epopeya sobre lo ordinario”.

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Cabe destacar el papel del nominado Ethan Hawke en el papel del padre de Mason

No puede dejar de hablarse de la habilidad de Linklater, en especial en el trabajo de dirección de los actores y en la sutileza de su libreto. Tampoco de la cuidada fotografía de Lee Daniel y Shane Kelly o de la banda sonora compuesta a base de temas de Coldplay, Bob Dylan y Paul McCartney, entre otros.

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En resumen, una película magistralmente sencilla en la forma, muy profunda en su mensaje y acertada en su ejecución. Aunque, claro, no todo el mundo es capaz de apreciarla.

Jaime Cervera

@jcervera_

The company men (2010)

Tres altos ejecutivos de una misma empresa pierden sus empleos debido a un ajuste de plantilla, en mitad de la crisis económica. Su entorno personal y su carácter harán que se enfrenten a la difícil situación del desempleo de formas muy distintas.

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GTX nació como un astillero, pero durante los años ha ido convirtiéndose en una empresa multisectorial y con la crisis el mayor agujero para el grupo es precisamente la construcción de barcos. Bobby Walker (Ben Affleck), Gene McClary (Tommy Lee Jones) y Phil Woodward (Chris Cooper) trabajan como ejecutivos en esta división de la compañía y pierden su empleo por los malos resultados de los astilleros. Se puede decir que de los tres el protagonista de la película es el personaje interpretado por Ben Affleck, aunque el filme trata de dar una visión panorámica del drama del desempleo, por lo que se apoya en todos los personajes para componer un cuadro muy completo.

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Al ser despedido, Bobby atraviesa tres fases. La primera es la más interior: asumir la nueva situación. Deberá renunciar a su Porsche, su club de golf y su casa de un millón de dólares. Su familia se verá también afectada. Su mujer, Maggie (muy bien interpretada por Rosemarie DeWitt), volverá a trabajar y su hijo de quince años, Drew (Anthony O’Leary) se dará cuenta de la situación por la que atraviesan sus padres y sacrificará su Xbox. Pero lo material no supone lo más duro para Bobby, sino más bien darse cuenta de que -como Maggie le hace ver en un momento dado- no es más que “un gilipollas más con un currículum”.

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Sin duda, la familia es una de las claves de la película de John Wells. Maggie sostiene a la familia cuando Bobby no se acuerda que su finiquito acabará en tres meses, y es su hijo Drew quien le hace ver que el estar parado le está distanciando de los que más le quieren. A pesar de lo realmente crudo de la situación familiar (llegan a tener que mudarse a casa de los padres de Bobby), el espectador puede ver que la solidez del matrimonio y de las relaciones paterno-filiales acabarán por hacerles pasar la tormenta.

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Drew: “No soy un niño, sé encajar las cosas”.

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– Maggie: “¡No puedo hacerlo sola Boby!”.
– Bobby: “¡Las cosas no volverán a ser como hasta ahora… ¡Les he rogado, les he suplicado!. El
puesto, el que sea! ¡Tengo 37 años y soy un parado fracasado que no puede mantener
a su familia!”.
– Maggie: “¡Sé que encontrarás un empleo. Trabajarás con personas que se sentirán
afortunadas por tenerte! Tienes a Drew y a Carson, tienes a tus padres… ¡Y a mí, me
tienes a mí! ¡Te quiero!”.

La segunda fase por la que pasa Bobby es la de reaccionar, su familia tiene apuros económicos y las nóminas de compensación se acabarán algún día. Bobby empieza a buscar trabajo desesperadamente, pero sin éxito. Finalmente, acaba por tragarse su orgullo y acude a su cuñado Jack, con quien tiene una relación bastante tensa. Anteriormente, el personaje interpretado por Kevin Costner le había ofrecido trabajo en su compañía de reformas, pero Bobby “no se veía clavando clavos”. Ahora, sin embargo, las circunstancias han cambiado y se ve obligado a aceptar.

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Así empieza la tercera y última fase de la evolución de Bobby. Con el pico y la pala de su nuevo trabajo, empieza a construir de nuevo su vida. Corrige las desviaciones y se prepara mejor para buscar un empleo que se ajuste más a sus cualidades. Fortalece los vínculos con su familia, aprendiendo a ponerla por encima de su trabajo.

Las otras dos historias, la de Gene y Philip solo merecerían la pena por las interpretaciones de Tommy Lee Jones y Chris Cooper, pero además aportan profundidad al guión y muchos contrastes con la historia de Bobby. No obstante, nos extenderíamos demasiado si nos detuviéramos a analizarlas. Quedarán a su juicio.

"The Company Men"

En resumen, una película lograda (más si tenemos en cuenta que es la ópera prima del director), con un guión notable y destacadas interpretaciones. Además, se dejan ver las buenas ideas del realizador sobre la familia y la ética empresarial. Ben Affleck está correcto, aunque sin destacar.

7 estrellas sobre 10

Jaime Cervera

@jcervera_

Una mirada y un silbido

Ayer nos dejó Lauren Bacall, una de las últimas diosas que nos quedaban del dorado Hollywood. Su primera película fue Tener y no tener, protagonizada junto a Humphrey Bogart, cuando el director Howard Hawks pidió a “una Marlene Dietrich pero más cálida”. Cuando Hawks conoció a Lauren, la contrató al momento y durante todo el rodaje le pidió que procurase mirar siempre un poco hacia abajo para que se vieran mejor sus ojos.

Y es que vaya mirada tenía Lauren. Te clavaba esas esmeraldas penetrantes, felinas, que te derretían. Esos ojos que cautivaron a Bogart (se casaron al año siguiente) y a generaciones de cinéfilos. Pero es absurdo gastar las palabras cuando podemos dejarnos atrapar por su mirada.

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Bacall acompañando a Bogart en el rodaje de La Reina de África

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Otro rasgo inconfundible de su interpretación era su voz. Una voz grave, poderosa, de fumadora (muy acorde con la de Bogart)… y a la vez cálida y seductora. De nuevo lo mejor es verla en acción en una de sus escenas más recordadas, en que nos enseña a silbar a todos…

Si alguna vez la necesitáis, solo tenéis que silbar. Hasta siempre, Lauren

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Recibiendo su Óscar honorífico en 2009

Jaime Cervera

@jcervera_